En invierno, la gastronomía mallorquina sigue teniendo como protagonista casi absoluto de sus platos las sopas y arroces de matanzas. Se trata de una tradición ancestral en la que se reúnen familias y amigos y se sacrifica el cerdo con el que se elaboran los embutidos más emblemáticos.
Además de los platos con la carne de cerdo como ingrediente fundamental, se hallan típicas cocas de verduras, y las habas peladas y secas con cerdo, en mallorquín "fava parada". Se trata de un plato caldoso a base de haba pelada, butifarrón, sobrasada y fideos, que antiguamente era alimento básico de los campesinos en el frío invierno, después de las matanzas. En Carnaval se toma con cerdo.
El lomo con col es otro exquisito plato, habitual en la carta de los restaurantes, cocinado con setas llamadas aquí esclatasangs, piñones, pasas, sobrasada, aceite de oliva vírgen, tomate, vino blanco, sal y pimienta negra molida. Uno de los platos típicos definitorios de la mejor cocina mallorquina.
En pescado, el "jonquillo" es un manjar con el que se elaboran las exclusivas croquetas o "raoles" en mallorquín, con harina, ajos, perejil, sal, pimienta negra y aceite de oliva. Tambiés es exquisito el arroz con "gerret", pescado de apreciado sabor y que es habitual cocinar también frito o asado.
Si hablamos de verduras, obligado es mencionar la típica coca mallorquina, con cierto parecido a la pizza italiana, que se come fría y está presente en fiestas populares y como almuerzo o merienda habitual. La más conocida es la exquisita "coca de trempó", con pimientos, tomate y cebolla. Y la de espinacas, llamada también coca de verduras. Estas cocas típicas y emblemáticas de la isla se encuentran en panaderías y pastelerías durante todo el año. Entre las empanadas más apreciadas, la conocida y exquisita "espinagada" de anguilas y espinacas, de la que el Archiduque Luís Salvador ya la citaba como especialidad de la isla. Es típica la de sa Pobla, zona de antiguos pantanos de agua, y un plato tradicional por la festividad de Sant Antoni, el 17 de enero.
Otro plato típico de invierno son los guisos de patas de cerdo, una especie de pastel a base de patas y orejas de cerdo llamado "greixonera de peus de porc", un exquisito y nutritivo plato de orígen medieval que aparece ya en los recetarios de los siglos XIV y XV. Se elabora en cazuela de barro, y lleva además carne, tocino, huevos, hierbas aromáticas, laurel, calabaza, ajos, huevo y especias. Se puede comer fría o caliente, cortada en porciones.
En esta estación se celebra la festividad de Navidad y la cocina mallorquina destaca por sus platos y turrones navideños, dignos de una cocina de alto nivel y de gran tradición, el más popular y tradicional, su lechona, llamada en Mallorca "porcella", asada al horno o rellena.
También están presentes sus genuinos y exquisitos "escaldums", un típico plato elaborado con trozos de carne de gallo o pavo y salsa, el pavo relleno, la sopa de Navidad, las cocas de Navidad y sus barquillos planos o "neules" y los bizcochos cuadrados llamados "amargos", son ejemplo de ello.
Otro tradicional y exquisito plato navideño es la sopa rellena de Navidad, a base de pasta de caracolas, rellena de carne de cerdo picada, huevo cocido y pan, y en un caldo elaborado con gallo o gallina previamente hervido con verduras como puerros, apio, cebolla y algunas otras. Se la conoce como "sopa farcida de Nadal", y aunque laboriosa, resulta exquisita e imprescindible en esas fechas tan señaladas.
Para los postres, la tradicional y exquisita coca de turrón, elaborada con almendras crudas, azúcar, la piel de un limón rallado, zumo de naranja, canela en polvo, vino duce o del llamado moscatel y obleas. Hay que dejarla secar dos días antes de servirla. Y la imprescindible ensaimada, el más típico dulce mallorquín, tomada con chocolate a la taza la noche de Navidad, después de acudir al tradicional canto de la Sibil.la en las iglesias de Mallorca. Una tradición que perdura desde hace siglos.
También en invierno la isla celebra sus fiestas más populares y entrañables, como las de Sant Antoni en toda la isla y las de Sant Sebastià, en Palma. En ambas fiestas, las hogueras al aire libre están presentes las calles y plazas. En ellas se asan los tradicionales y exquisitos embutidos mallorquines, como longanizas y botifarrones. También es obligado degustar las exqusitas ensaimadas de tajadas(tallades en mallorquín), con sobrasada, fruta confitada y en algunos casos, butifarra negra, “botifarró”.
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